martes, 21 de octubre de 2008

Manduka (Brasil)


Así como muchos miembros de la Nueva Canción Chilena que partieron al exilio tras el Golpe de Estado de 1973 absorbieron la cultura de los lugares que los acogieron, el artista brasileño Manduka esquivó la dictadura de su país refugiándose en Santiago durante la Unidad Popular, donde estableció estrechos vínculos con importantes artistas nacionales y logró interesantes cruces musicales.

El músico, poeta, actor y artista plástico Manduka (seudónimo de Alexandre Manuel Thiago de Mello) desde muy pequeño conoció Chile gracias a las labores diplomáticas que su padre, el poeta Thiago de Mello, realizó hasta 1965. Cinco años más tarde, cuando se volvía cada vez más hostil la dictadura militar que desde mediados de la década controlaba Brasil, Thiago decidió radicarse en Santiago con su familia.

Corría el año 1971, Manduka tenía recién diecinueve años de edad y ya frecuentaba a gran parte de la intelectualidad de izquierda local (su padre era muy cercano a personalidades como Pablo Neruda y Violeta Parra) y se relacionaba con otros brasileños exiliados, en particular con el cantautor Geraldo Vandré. Manduka escribió con él sus canciones iniciales y también cosechó sus primeros logros, como sucedió con "Patria amada idolatrada salve salve", composición que ganó el Festival de Aguadulce celebrado en Lima en 1972, en la voz de la cantante venezolana Soledad Bravo.

A su regreso a Chile, recibió la oferta del músico Julio Numhauser –en ese entonces integrante de Amerindios y director artístico del sello IRT– para grabar su primer álbum. El resultado fue un LP compuesto casi en su totalidad por Manduka, con canciones e improvisaciones que inevitablemente aludían al exilio, la historia brasileña y su propio encuentro con nuevas culturas. Todo el disco, incluyendo su particular versión de "Qué dirá el Santo Padre" de Violeta Parra, pasaba por el inconfundible filtro carioca en su forma.

En este álbum, titulado simplemente Manduka (1972), participó Soledad Bravo junto a las espontáneas pero claves colaboraciones de Patricio Castillo, Baltasar Villaseca del grupo Congregación, los hermanos Gabriel y Eduardo Parra de Los jaivas, y el mismo Numhauser. Además de su contribución musical en Chile, que se extendió por varios escenarios y festivales, con músicos invitados como un jovencísimo Antonio Restucci en guitarra, Manduka publicó el libro de poemas Los burros negros el año 1973, poco antes de partir a un nuevo exilio a consecuencia del Golpe de Estado del 11 de septiembre.

Su siguiente escala fue Argentina, país donde se mantuvo muy cercano a Los Jaivas. Con ellos grabó el álbum conjunto Los sueños de América (1974), disco que permaneció inédito hasta 1978 cuando fue publicado en España. Y en los años posteriores, continuaría deambulando por el mundo con estadías en Venezuela, Alemania, Francia, España y México, publicando discos y libros, musicalizando películas, colaborando con artistas como el brasileño Naná Vasconcelos o el cubano Pablo Milanés y dedicándose con éxito a las artes visuales. Siempre con una gran actividad y un legado multicultural repartido por el planeta, Manduka regresó en 1988 a Brasil, donde permaneció hasta su muerte, el 17 de octubre de 2004, ocurrida debido a complicaciones cardiovasculares.

Por Gonzalo Planet. (musicapopular.cl)